Tras el extendido tópico de “los coches y fabricas contaminan” se
esconden una serie de impactos muy diversos que se producen tanto sobre el
medioambiente como directamente sobre la salud humana. Estos
impactos presentan unos grados de severidad muy variables.
Dicha severidad depende de diversos factores como la persistencia o no
en el tiempo de los efectos o de los contaminantes, la seriedad del impacto
producido y su posibilidad de corrección, el tamaño de la población a la que
afecta, los recursos necesarios para su atenuación, etc.
Conforme al ACV los impactos imputables al uso de gasoil y gasolinas se
remontan a los debidos al proceso de extracción, continúan con los producidos
en las operaciones intermedias y se extienden a los que se provocan tras el uso
o consumo del producto.
Los impactos incurridos en las fases del CV previas al consumo del
producto se conocen como de “aguas arriba”, frente a los que se producen
tras el consumo del producto y que se conocen como de “aguas abajo”.
Estos últimos, en el caso de los combustibles, se puede considerar que son los
impactos debidos a la emisión de los productos residuales de la combustión, que
básicamente se presentan en forma de contaminantes atmosféricos. A ellos se les
prestará una especial atención por ser los que, sobre todo en concentraciones
urbanas con elevada densidad de tráfico, pueden causar impactos más severos y
notorios sobre la salud humana.
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